NATURALEZA SALVAJE

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La berrea de los ciervos

Un ritual de apareamiento

Los ciervos y los corzos son abundantes en el Valle del Razón. Todos los años, con la llegada del otoño, se produce uno de los espectáculos más característicos de la naturaleza en El Valle de la Mantequilla. Se trata del ritual de apareamiento de los ciervos, conocido como «la berrea», un fenómeno espectacular tanto desde el punto de vista sonoro como visual.

Durante las últimas semanas de invierno o a principios de primavera, los ciervos macho se desprenden de su cornamenta, símbolo de su fortaleza y virilidad. Se conoce como «el desmongue».

Las cuernas comienzan a crecer de nuevo, cubiertas de una especie de piel aterciopelada denominad «borra». Cuando los cuernos han vuelto a crecer del todo, los ciervos se restriegan contra los árboles para desprenderse de la «borra» y dejar al descubierto su cornamenta.

El proceso culmina a finales de verano, para que el macho esté listo para la época de la berrea y el celo. El «desmongue» se repite cada año, y canto más adulto sea el macho mayor será la cornamenta.

La berrea se produce a finales de septiembre o principios de octubre y depende mucho de la lluvia. Si ha llovido lo suficiente, los ciervos estarán sanos y fuertes para afrontar el ritual de apareamiento. Si las lluvias se retrasan, es probable que la berrea también se posponga unas semanas.

De pronto, en El Valle comienza a resonar el sonido gutural que emiten los machos, una especie de largo bramido que pretende atraer a otros machos para disputarse el mejor grupo de hembras y aparearse.

Cuando dos ciervos aceptan el duelo, se enzarzan en una pelea que consiste en chocar sus cornamentas con violencia. En ocasiones, el choque de cuernos se oye desde la lejanía. No se trata de una pelea a muerte y pocas veces salen heridos de gravedad. Solo miden sus fuerzas y cuando estas quedan claras uno de ellos se retira para dejar paso al ganador.

Los ganadores se parean con el grupo de hembras y, una vez finalizado el periodo del celo, los machos vuelven a pasar el invierno en solitario y las hembras cuidan a sus crías hasta la siguiente berrea. Un proceso que se repite año tras año.

En El Valle de la Mantequilla los ciervos se pueden ver fácilmente durante todo el año. De hecho, es conveniente conducir con precaución por las carreteras, sobre todo de noche, pues en cualquier momento un ciervo o varios pueden cruzar la vía. También es un lugar excelente para escuchar las enigmáticas noches de berrea e incluso presenciar alguna pelea, si se busca con ahínco y se tiene la suficiente  paciencia.